jueves, 29 de noviembre de 2012

ALCANTARILLA/ Herido tras caer desde un tercer piso cuando robaba a su vecino


El presunto ladrón se precipitó al vacío sujetando uno de los portátiles del botín y salvó la vida gracias a los tendederos 

29.11.12 - 01:35 - 


Con vecinos, así no hace falta tener enemigos. Una familia china que reside en el tercer piso del número 16 de la avenida Martínez Campos no salía ayer de su asombro después de ver cómo su vecino del cuarto se precipitaba al vacío desde la cocina de su casa, cuando presuntamente trataba de robarles cuatro ordenadores portátiles (valorados en 2.400 euros), la hucha con los ahorros de la pequeña de la casa y dos móviles de última generación.
Pero la peripecia de Antonio G. M., de 23 años y con antecedentes por robo, terminó con sus huesos en la Unidad de Cuidados Intensivos de La Arrixaca, después de que fuese sorprendido por Cheng Kan Ji, de 19 años, cuando estaba perpetrando el presunto robo. «Cuando llegué de una reunión del instituto me encontré que había un clavo en la cerradura de la puerta y que no podía entrar. Entonces escuché un ruido que salía de dentro de la casa y empecé a gritar '¡quién hay ahí!'», relataba Cheng, aún perplejo por lo ocurrido en el interior de su domicilio familiar.
«Después escuché un fuerte golpe en el patio de luces y una vecina empezó a gritar '¡alguien se ha caído!». Efectivamente, el herido era su vecino, Antonio, quien a las 20.25 horas de ayer trató de huir infructuosamente del piso que supuestamente trataba de desvalijar. Lo hizo apoyándose en el tendedero de la cocina de Cheng para tratar de acceder a su piso, situado justo encima, en la cuarta planta, pero el tendedero no aguantó el peso y Antonio cayó desde una altura de unos diez metros.
El joven llamó a la Policía Nacional, que reclamó la presencia de los bomberos, ya que no se podía acceder al patio de luces y Antonio sangraba abundantemente y había perdido el conocimiento. Al lugar de los hechos también se personó la Policía Local.
Cuando los agentes pudieron retirar el clavo de la puerta de la casa de Cheng, éste comprobó cómo todo el inmueble estaba manga por hombro y su vecino había colocado un candado en el cerrojo interior, para asegurarse de que no podían abrir la puerta desde fuera. «También había apilado los portátiles en la cocina para llevárselos». Pero la gravedad le jugó una mala pasada y se precipitó al vacío con uno de los ordenadores aún en la mano. Parece que los tendederos amortiguaron la caída.
Según los vecinos, la pareja de Antonio «se asomó al patio al escuchar el golpe y empezó a gritar al ver a su marido sangrando en el suelo». La mujer y su hijo pequeño le acompañaron al hospital, aunque ésta desconocía las circunstancias en que se había producido el accidente.

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