viernes, 22 de abril de 2011

ALCANTARILLA/ El sueño eterno de Víctor

Los padres del niño que falleció tras caer desde un tercer piso no asisten a las exequias debido a sus costumbres religiosas. El óbito fue costeado por una ONG y el Ayuntamiento, que decretó un día de luto

La Opinión

TOMÁS DEL CERRO
 ­Ayer fue un día negro para la historia de Alcantarilla, el día del entierro del pequeño Víctor H. Goncim, al que la fatalidad hizo el miércoles precipitarse al vacío desde un tercer piso de la calle Mayor y perder la vida casi en el acto. Fue una jornada negra, como el coche fúnebre que le condujo hasta el cementerio municipal de Alcantarilla, donde tuvo lugar un sepelio al que asistió un centenar de personas, muchos de ellos amigos de la familia, pero también vecinos anónimos que querían acompañar al pequeño en su último adiós. 

También hubo representación de la Coordinadora de Barrios, la ONG que trabaja con la familia y cuyos integrantes pusieron un fondo para costear el servicio de tanatorio y la ornamentación. Miembros de esta organización fueron los que precisamente desmintieron que uno de los cúmulos que llevaron al fatal accidente fuera que el padre de la criatura estuviera durmiendo cuando el pequeño cayó a la calle tras encaramarse a una mesa cercana a una ventana, tal y como aseguraron fuentes policiales. Según indica la Coordinadora de Barrios, el progenitor estaba atendiendo a los otros niños que viven en la casa, entre ellos la hermana de Víctor.

También fue un Jueves Santo negro no sólo para la comunidad nigeriana de la Región de Murcia, que vivió su tarde más triste desde que comenzaran a asentarse en la villa, sino también para la comunidad educativa del Jacinto Benavente, el colegio donde cada día acudía la hermana de la víctima, y en el que Víctor tenía ya escrito su nombre en una pequeña silla que ocuparía a partir de septiembre. 

La tristeza también se apoderó de la ciudad de Alcantarilla cuyo alcalde, Lázaro Mellado, presente en el entierro, decretó un día de luto oficial, prendió las banderas con un crespón negro y ordenó que ondearan a media asta. Fue precisamente el pueblo el que sufragó el féretro y entregó el nicho donde, desde ayer, el niño duerme el sueño eterno.

Pero, sobre todo, fue un día aciago para los padres de una criatura de tres años, cuyo dolor infinito y la religión que practican (son evangelistas) les impidió acudir al entierro de su hijo.


No hay comentarios: