Falleció en su casa a las ocho horas de recibir el alta en las Urgencias del hospital Rafael Méndez
09.03.11 - 00:42 -
P. WALS |La Verdad
Juan Ruiz López estaba lleno de vida. Era un hombre «enérgico, que no padecía hipertensión, ni diabetes... y que raramente sufría alguna enfermedad», según su hija, Juani Ruiz López. Hace dos años acudió a las Urgencias del hospital Rafael Méndez y ocho horas después de darle el alta moría en su casa víctima de una rotura de la aorta abdominal.
«Todavía hoy no nos podemos creer que mi padre esté muerto. No sabemos si su dolencia era tan grave que igualmente le hubiera causado la muerte en el hospital, pero lo que sí tenemos claro es que le faltó asistencia», relató con lágrimas en los ojos su hija mientras recordó a 'La Verdad' sus últimas horas de vida. «Fueron horrorosas, algo que no podremos olvidar nunca. Mi padre se nos moría en los brazos y no podíamos hacer nada por él».
Todo comenzó en la madrugada del aquel domingo hace dos años. «Se encontró mal, le dolía el abdomen». A las ocho de la mañana le pidió a su hijo que le llevara al hospital Rafael Méndez porque no se sentía bien. «Le hicieron analíticas y radiografías, se siguió el protocolo. En la ecografía vieron que tenía líquido en el abdomen», explicó.
El cirujano, según Juani Ruiz, «aseguró que el líquido sería absorbido y que al día siguiente, el lunes, acudiese a su médico de cabecera, que ya le llamarían para hacerle una gastroscopia. Nunca se la hicieron, porque cuando llamaron, llevaba una semana muerto». A las tres y media de la tarde abandonaban las Urgencias del hospital Rafael Méndez para regresar a su casa.
El enfermo aseguraba que no se encontraba bien. «Se tocaba el abdomen. Estaba sentado en el sofá. Quería ver el fútbol, pero decidió irse a la cama, porque decía que allí estaría mejor». La situación, según su hija, se fue empeorando. «No lo veíamos nada bien. Cada 15 minutos íbamos a verlo, porque tampoco queríamos preocuparlo, pero a las once y media me asusté, ya que tenía la mandíbula desencajada». Intentaron reanimarlo mientras llamaron al teléfono único de emergencias 112. «Mi hermano y yo hicimos lo indecible. El le hacía el boca a boca, mientras yo intentaba reanimarlo haciéndole el masaje cardiaco. Se nos murió en los brazos, desatendido, se le escapó la vida sin que pudiéramos ayudarle. Se nos ha quedado un sentimiento de impotencia...» contó sin poder reprimir las lágrimas.
Murió por una parada cardiorespiratoria. Al día siguiente le realizaron la autopsia a petición de la familia, que acudió poco después a la asociación Defensor del Paciente. Interpuso una reclamación ante el Servicio Murciano de Salud y posteriormente un recurso contencioso administrativo ante el Tribunal Superior de Justicia de Murcia por entender, entre otros puntos, según un informe del médico especialista, que «la valoración realizada al paciente, tanto clínica, analítica, radiológica, como evolutiva, resultaron insuficientes para llegar a un diagnóstico certero de la etiología del síndrome doloroso abdominal que presentaba». El informe añade que «no teniéndose en cuenta alteraciones clínicas y electrocardiográficas como la taquicardia que presentaba desde su recepción en Urgencias, alteraciones analíticas sugestivas al menos de patología cardiaca, ni hallazgos patológicos demostrados en la ecografía realizada, como causa posible del cuadro que presentaba el paciente».
Tampoco «se realizó valoración seriada electrocardiográfica, ni de enzimas cardiacos previamente patológicos, ni se solicitó realización de Tac abdominal para valorar de modo más preciso el origen del líquido abdominal encontrado en la ecografía». Por todo ello, concluye el informe, «hubo una pérdida de oportunidad de diagnóstico y sobre todo de tratamiento, aún conociendo que la tasa de mortalidad por ruptura de aneurismo de la aorta abdominal es considerable incluso en el medio hospitalario».
La defensa del caso ha sido tramitada por el letrado Ignacio Matínez, especialista en derecho sanitario y adscrito a los Servicios Jurídicos de El Defensor del Paciente. Finalmente no se ha celebrado juicio, ya que ha habido acuerdo entre las dos partes. La familia ha recibido en concepto de indemnización 70.000 euros por los «daños y perjuicios pasados, presentes y futuros».
Que se reconociera el error
La hija del fallecido afirmó que «nosotros no buscábamos dinero, sino que se reconociera que habían cometido un error. A la vida de mi padre no se le puede poner precio. No hay dinero para pagar la pérdida que ha supuesto para mi madre, para mi hermano, para mí, para su nieta, a la que quería con locura». Y añadió que «lo único que nos ha movido ha sido que se conozca lo que pasó, que en el Hospital Rafael Méndez se cometen fallos y que hay que denunciarlos para que se pongan los medios necesarios para que nunca más vuelva a repetirse una situación así».
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