viernes, 28 de agosto de 2009

CIEZA/ La muerte golpea dos veces

El casco antiguo de Cieza amaneció ayer conmocionado por el fallecimiento de dos vecinos a apenas cien metros de distancia
LA VERDAD CIEZA

María Dolores no tuvo suerte en la vida. Esta ciezana de 39 años malgastó la mitad de ellos en batallar contra el fantasma del alcohol. Conoció de cerca la pesadilla de los malos tratos y aún así luchó para sacar adelante a sus tres hijas. El casco antiguo de Cieza, donde residía junto a su familia, lloró ayer la temprana pérdida de esta mujer residente en la calle de los Pinos. Pero no fue la única. Un anciano de 75 años y etnia gitana perdía la vida a la misma hora a apenas cien metros de distancia, en la calle Cervantes. Un barrio sumido ayer en el duelo.
«No tuvo nunca suerte, ni con los hombres ni con nada». Una amiga de María Dolores recordaba ayer su mala vida pocas horas después de su muerte, a primera hora de la mañana de ayer. «Su padre fue a llamarla porque iban a irse a la playa y le llevaba unos bollicos, pero la encontró muerta». El cadáver fue trasladado ayer al Instituto de Medicina Legal para tratar de determinar las causas de su muerte. Un final que todos sus vecinos achacan a la «mala vida».
María Dolores tropezó muy joven con un novio que «todo el mundo sabía que le pegaba» y su vida comenzó a complicarse. Su adicción al alcohol le fue golpeando el ánimo hasta que su relación presuntamente tormentosa, de la que surgió una hija que ahora tiene 13 años, acabó. Decidió luchar.
«Estuvo en una granja de Alhama de Murcia para curarse y la verdad es que volvió bastante bien», explica su amiga. María Dolores parecía dispuesta a encaminar su destino pero la mala suerte volvió a golpearla de nuevo en forma de hombre. «Empezó a salir con un chico y tuvo dos hijas con él que ahora tienen dos y cuatro años», explican unas vecinas de la Calle de Los Pinos. «Él está ahora cumpliendo condena en prisión porque le pegó una paliza».
En los últimos años esta ciezana limpiaba algunas casas para ganarse un dinero. Pese a su edad, sus vivencias había empezado a pasarle factura y se reflejaban en su cuerpo. «Era todo hueso», reconocía un vecino.
María Dolores falleció ayer, mientras dormía, en su vivienda de la Calle de Los Pinos. «Estaba tumbada y abrazada a su cabecerón como si durmiera plácidamente», relata triste su amiga. A apenas cien metros perdía su último aliento uno de sus vecinos, un anciano de 75 años. «Le habían dado ya tres o cuatro infartos y no pudo resistir más», relataba su yerno. El dolor llegó ayer por partida doble.

No hay comentarios: