El líder de una tribu masai visita Murcia para dar a conocer su cultura y conseguir ayuda para poner en marcha un programa educativo en su poblado21.05.09 -
P. NAVARRO MURCIA/ La Verdad
La inmensidad y la paz de la sabana africana tienen poco que ver con el frenético ritmo de la vida en las ciudades occidentales. William Kikanae Ole Pere, líder de la tribu masai de la manyatta (poblado) Enkerende, lo está padeciendo en sus propias carnes durante la visita que realiza estos días a diversos lugares de la geografía española, entre ellos, Murcia, ciudad que pisó ayer. «Tanto estrés es duro. Es cierto que las comodidades de la vida aquí no están mal, pero yo, que me he criado en plena naturaleza, no podría vivir lejos de mi tierra sin mis paisajes, mi gente ni mi ganado», comentaba el guerrero.
No obstante, William decidió recientemente emprender un largo viaje desde su Kenia natal para materializar uno de los grandes sueños de su aldea: recaudar dinero para crear un ambicioso programa educativo dirigido a los niños y huérfanos de su pueblo. Y es que, incluso dentro de una forma de vida tan autárquica, austera y poco contaminada como la suya, el vil metal llega a hacerse imprescindible. «Procuramos vivir de nuestras reses, pero al final siempre te ves obligado a comprar ciertas cosas como verduras y hortalizas, ya que no somos agricultores, determinadas medicinas y, como no, materiales escolares, y eso sin contar con nuestros problemas de agua», indicaba.
Por suerte, el joven líder, de apenas 29 años, ha encontrado para su importante empresa la ayuda de la Obra Social CAM. Un apoyo que le ha animado, finalmente, a dar todo un ciclo de conferencias para explicar la grandeza de su cultura, casi intacta desde su surgimiento en el inicio de los tiempos. Una cultura nómada, tradicional y sostenible que, contrariamente a lo que pueda parecer, no está, precisamente, reñida con una buena educación, algo que William pretende ahora hacer más accesible. «Cuando era pequeño hacía hasta 20 kilómetros a pie para ir a mi escuela. Eso sin contar que en Kenia, muchos colegios son de pago. No quiero que nuestros niños tengan estos problemas».
Sin embargo, ahorrar dificultades a los pequeños y a sus familias no es la única finalidad que persigue el programa. «Los masais tenemos cierto miedo a que gran parte de aquellos que se marchan fuera a estudiar no regresen y pierdan su cultura». Pero, ¿por qué ese empeño en preservarla? Pues porque refleja precisamente todos los valores a los que aspiramos en occidente: el respeto tanto de la vida humana como animal, el rechazo a la violencia, la defensa de la igualdad de sexos, la protección del medio ambiente y el comercio justo. Valores que coinciden exactamente con los llamados «Objetivos de Desarrollo del Milenio» promovidos por la ONU en 2005. «Somos gente pacífica, por encima de todas las cosas y, por ello, nos gustaría ser un ejemplo, en ese aspecto, para todos los pueblos de la tierra», indicaba un guerrero caracterizado, paradójicamente, por su rechazo frontal a la violencia.
Ahora, William cuenta los días para volver a casa con los deberes hechos. En su poblado, formado por círculos de chozas y rodeadas por empalizadas, le esperan cerca 180 paisanos que depositaron toda su confianza en él. Sin embargo, el joven parece no tener sólo un compromiso con ellos sino también con los cerca de 900.000 masais, miembros de una de las 42 grandes tribus que viven en Kenia, cuya cultura espera transmitir, representar y defender dignamente en el distante mundo occidental.
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